Tengo una hija de 9 años y está experimentando cambios emocionales que me preocupan. No es una niña

35 respuestas
Tengo una hija de 9 años y está experimentando cambios emocionales que me preocupan. No es una niña irrespetuosa con nadie, pero sus formas de abordar ciertas situaciones a nivel social no creo que sean las mejores. Cuando llegamos a una instancia social, con primos u otros niños, se niega a compartir, al menos inicialmente, mostrando una actitud que puede doler al resto. Siente un gran rechazo por su primo pequeño y eso me afecta de sobremanera porque es su familia. Por último, muestra gustos que son particulares, en cuanto a música, series y vestimenta, siento que hace un esfuerzo por ser diferente y que todos lo noten. No sé si esto requiera apoyo psicológico, me siento desgastada.
Hola. Es importante que los padres o todas las personas que observan que hay alguna dificultad puedan tener una consulta con un terapeuta especialista en infanto-juvenil. Se debe definir bien lo que ocurre y desarrollar un objetivo alcanzable para disminuir el agotamiento y el cansancio que describe. En este caso es muy importante que los padres reciban herramientas y estrategias adecuadas de intervención para poder ayudar a sus hijos.

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Es comprensible que te sientas cansada y preocupada. A esta edad, los niños están formando su identidad, explorando quiénes son y cómo quieren mostrarse, y eso puede verse en actitudes sociales rígidas, rechazos puntuales o en gustos más marcados y distintos. Muchas veces estas conductas son una forma de afirmarse, no necesariamente un problema en sí.
Más que intentar corregirla, puede ser valioso mirar y aceptar sus características personales, entendiendo qué hay detrás de ellas. Consultar con un psicólogo infantil no implica que tu hija esté “mal”, sino que puede ayudar a comprenderla mejor, fortalecer sus habilidades sociales y darte a ti apoyo y orientación para acompañarla con más calma y menos desgaste.
Hola, gracias por contar tu experiencia.
Entiendo que te llame la atención la forma en que tu hija se está comunicando y desenvolviendo con su entorno. Según lo que cuentas pueden existir señales de querer evitar el contacto como primera instancia, como una forma de evadir la relación. Puede ocurrir algo a nivel relacional, de pares, de identidad social y personal, de sentido de pertenencia, pueden existir varios factores que inducen hoy esa respuesta en ella. Si, te recomiendo evaluar con acompañamiento psicológico, sobre todo por la etapa de crecimiento en la que se encuentra y así prepararse para el ingreso a la adolescencia de una manera mas contenedora y acompañada.
Es comprensible que se sienta agotada. A los 9 años, su hija inicia la preadolescencia, una etapa marcada por el proceso de individuación donde el niño busca construir una identidad propia. Ese esfuerzo por ser diferente y sus gustos particulares son intentos de autoafirmación, no necesariamente falta de respeto. El rechazo inicial a compartir o el distanciamiento con su primo suelen manifestar una mayor necesidad de autonomía y defensa de su espacio personal, que en esta edad se vuelve prioritario. No parece haber una conducta patológica, sino una dificultad para gestionar nuevas emociones sociales. Un espacio psicoterapéutico sería muy beneficioso, no solo para brindarle a ella herramientas de flexibilidad, sino para ofrecerle a usted pautas de mediación que alivien su desgaste emocional.
Muy buenas tardes, ¿cómo estás hoy?
Me imagino cómo te debes estar sintiendo, es natural sentir preocupación y cierto desgaste cuando notas que tu hija enfrenta dificultades en interacciones sociales y muestra conductas que te generan inquietud, especialmente dentro del entorno familiar.

Afortunadamente, la psicología infantil puede acompañar a tu hija y a ustedes como familia, ayudando a comprender sus emociones, motivaciones y formas de relacionarse. Un psicólogo infantil podrá trabajar con ella en habilidades sociales, manejo de conflictos y autoestima, y también guiarte a ti para que sepas cómo apoyarla sin generar presión excesiva. Explorar estas situaciones ahora puede prevenir que se transformen en problemas más complejos y ayudar a que tu hija exprese su individualidad de manera saludable.

Mi consejo es que consideres una consulta psicológica online o presencial, donde puedan evaluar su desarrollo emocional y social, y ofrecer estrategias prácticas para mejorar su convivencia con otros niños y fortalecer su bienestar emocional.

Cualquier duda que tengas no dudes en preguntarme, tienes mis puertas abiertas :)
¡Que tengas una linda tarde!
Saludos cordiales.
Buenas tardes gracias por su consulta, por su relato, alcanzo a vislumbrar que el cambio que ella manifiesta en su pre adolescencia podría ser mejor abordado desde la intervención psicologica
Ps. Marcela Tarifeño
Psicólogo
Puerto Varas
Hola, entiendo que sientes que tu hija no encaja a lo esperado socialmente y que eso te está agotando las energías. Muchas veces lo mejor es consultar una sola primero, sin la hija, para darse el tiempo de conocer bien sobre la situación familiar y personal de quién pide la hora, antes de conocer a la niña. Te sugiero que hagas eso, con un o una profesional especializado en temas del desarrollo infanto-juvenil. Así podrán guiarte mejor para que no te sientas tan perdida en la crianza. Saludos.
Es comprensible que te sientas desgastada y preocupada. A los 9 años, tu hija está entrando en la preadolescencia, una etapa marcada por cambios emocionales importantes donde los niños comienzan a formar su identidad, exploran quiénes son y cómo quieren mostrarse al mundo. Muchas de las conductas que describes pueden ser parte de este proceso de individuación normal, aunque entiendo que te generen preocupación.

La negativa inicial a compartir en situaciones sociales, la actitud que puede parecer descortés, y el rechazo al primo pequeño pueden estar relacionados con una mayor necesidad de autonomía, defensa de su espacio personal, dificultades para gestionar nuevas emociones sociales, o incluso inseguridad que se manifiesta como rigidez social. Los gustos particulares en música, series y vestimenta, y el aparente "esfuerzo por ser diferente", son intentos típicos de autoafirmación en esta edad donde los niños empiezan a alejarse de la identidad familiar para construir la propia.

Sin embargo, hay algunas señales que sugieren que sí podría beneficiarse de apoyo psicológico: la dificultad para manejar situaciones sociales de forma flexible, el rechazo marcado hacia un familiar cercano sin razón aparente, y especialmente el hecho de que estas conductas te están afectando significativamente a ti y probablemente también a ella si están generando conflictos o tensión familiar. Un espacio terapéutico con un psicólogo infantojuvenil podría ayudarla a desarrollar habilidades de flexibilidad emocional y social, trabajar sobre lo que puede estar generando esas respuestas rígidas, y a ti ofrecerte pautas para mediar estas situaciones sin tanto desgaste. No parece haber algo "grave", pero sí algo que se puede trabajar preventivamente antes de que se cristalice en patrones más problemáticos.
¿Qué está viviendo tu hija a nivel emocional y social?
A los 9 años aproximadamente, los niños están en una etapa de desarrollo social y emocional donde:
Su sentido de identidad y autonomía se fortalece, pueden comenzar a querer diferenciarse de otros (en gustos, estilo, preferencias culturales) como forma de expresar quiénes son. Esto no necesariamente es un problema, sino parte normal de la construcción de identidad personal.
Las relaciones con iguales (pares) toman mayor importancia, y al mismo tiempo pueden surgir actitudes de rechazo o rechazo experimentado, que no siempre significan un trastorno por sí mismas, sino que reflejan procesos de aprendizaje social complejos.
Es común que los preadolescentes empiecen a ponderar más sus propios gustos y estilos, y muchas veces eso se expresa como “hacer un esfuerzo por ser diferente o notada”. Este tipo de búsqueda de identidad es habitual y forma parte del desarrollo psicosocial normal.
La mayoría de conductas que describes —gustos particulares o actitudes de rechazo inicial en contextos sociales— pueden ser parte del desarrollo típico en niños de esta edad, especialmente cuando están construyendo su identidad y navegan expectativas sociales más complejas.

¿Qué podrías hacer ahora mismo?
Acompañamiento desde casa
Escuchar y validar sus emociones: hacerle preguntas abiertas sobre cómo se siente con compañeros y con el primo, sin juzgar.
Modelar habilidades sociales: como turnarse, expresar sentimientos y resolver conflictos de manera calmada.
Refuerzo positivo de comportamientos prosociales (cuando comparte, cuando intenta acercarse a otros).

Estrategias conductuales útiles
Practicar juegos o actividades compartidas en casa que fomenten la cooperación.
Crear espacios seguros donde pueda expresar emociones sin sentirse evaluada.

Un profesional puede ayudarte a:
Explorar si hay dificultades emocionales profundas o patrones de ansiedad/disconfort social.
Construir herramientas para mejorar habilidades de interacción, regulación emocional y resolución social.
Brindarte apoyo para manejar tu propia preocupación y cansancio emocional (porque tu bienestar también importa)
Ps. Claudia Klaassen
Psicólogo
Colina
Hola! Frente a tu inquietud, creo que podrían considerar una eventual evaluación de la situación por algún profesional que pueda brindarles respuestas y alguna estrategia de afrontamiento tanto a la niña como a uds. considerando además esa sensación de desgaste que mencionas. Un abrazo!
Buenas tardes, en primera instancia le consulto si ha conversado con ella desde la confianza y la comprensión, respecto de los los cambios que ud. ve en ella,y desde ahi indagar en lo que le podría estar ocurriendo. Al tiempo le sugiero la posibilidad de asistir a una psicologa infanto-juvenil para que la oriente desde otra perspectiva, y de ser necesario una evaluación para descartar TEA u otra situación.
Lo que describes es más frecuente de lo que parece en esta etapa del desarrollo. A los 9 años las niñas comienzan a consolidar identidad, diferenciarse del grupo y probar formas de posicionarse socialmente. A veces esa búsqueda de identidad se expresa como “ser distinta”, marcar territorio o controlar el entorno social para reducir inseguridad interna.
Negarse a compartir inicialmente no necesariamente habla de falta de valores. Puede ser una estrategia de regulación: necesita observar primero, sentir que tiene control y luego integrarse. Lo importante es si después logra flexibilizar o si queda rígidamente en la exclusión.
El rechazo hacia el primo pequeño suele estar más vinculado a celos, competencia por atención o incomodidad con niños más demandantes que a un problema moral. A esta edad todavía están aprendiendo a manejar la ambivalencia afectiva: querer y rechazar pueden coexistir.
Respecto a los gustos “particulares”, diferenciarse es una tarea evolutiva normal. Lo relevante no es que sea distinta, sino si esa diferencia está sostenida con seguridad o si es una forma de proteger una autoestima frágil.
Algunas señales que indicarían que conviene consultar serían: aislamiento persistente, sufrimiento evidente, conflictos sociales repetidos, irritabilidad marcada, baja autoestima o cambios bruscos en el ánimo.
Como madre, puedes:
Nombrar lo que observas sin juicio (“veo que te cuesta compartir al principio, ¿qué sientes en esos momentos?”).
Validar emoción sin validar conducta (“entiendo que no te guste compartir ahora, pero en esta casa aprendemos a hacerlo”).
Modelar flexibilidad y empatía sin forzar vínculos. Si te sientes desgastada, eso también es importante. A veces una orientación breve para padres es suficiente para comprender la dinámica y ajustar intervenciones, sin que necesariamente exista un “problema clínico”. A esta edad el carácter se está organizando, no fijando. Lo que hoy parece rigidez puede transformarse en autonomía bien integrada si se acompaña con límites claros y validación emocional.
Hola,
Los 9 años suelen ser una etapa especial, donde comienza a notarse con más claridad el tránsito entre la niñez y la preadolescencia. Aparecen cambios en la forma de vincularse, mayor necesidad de diferenciarse y una búsqueda más marcada de identidad.

Es comprensible que esto pueda generarte desgaste, sobre todo cuando impacta en la dinámica familiar o en instancias sociales.

En algunos casos puede tratarse de un momento propio del desarrollo. En otros, puede haber algo emocional que esté intentando expresarse a través de estas actitudes. Observar cuándo ocurre, en qué contextos y cómo se siente ella después puede dar pistas importantes.

Si el malestar se mantiene o te genera inquietud persistente, contar con una evaluación psicológica puede ayudar a comprender mejor lo que está ocurriendo y acompañar este proceso con mayor claridad.
A los 9 años los niños y niñas atraviesan una etapa importante de desarrollo emocional y social, donde comienzan a definir más claramente su identidad, sus preferencias y la forma en que se vinculan con otros. Lo que describes puede estar relacionado con dificultades en habilidades sociales, regulación emocional o simplemente con una forma particular de expresar su individualidad.

La resistencia a compartir o el rechazo hacia ciertos familiares puede tener múltiples significados (celos, necesidad de diferenciarse, inseguridad o búsqueda de control en situaciones sociales que le generan incomodidad). Más que verlo como un problema de conducta, es importante observar qué emociones podrían estar detrás.

Si estas situaciones se mantienen en el tiempo, generan malestar familiar o afectan sus relaciones, una evaluación psicológica puede ser muy positiva, ya que permitirá comprender mejor sus necesidades y entregar herramientas tanto a la niña como a la familia.

También es importante validar tu cansancio como madre; pedir orientación ya es un primer paso muy significativo
Estimada, que bueno que puedas problematizar lo que le está ocurriendo a tu hija, ya que es probable que hayan otras variables que la lleven a actuar de esa manera, lo cual se sondea en una sesión de psicoterapia. Te recomiendo acompañamiento psicológico
La intervención temprana siempre es la mejor opción y respuesta, ya que un trastorno leve, puede convertirse en uno mayor si no se le da la atención oportuna, te invito a consultar a través de mi pagina. Cariños
Más allá de las conductas específicas de tu hija, hay un elemento central en lo que relatas y es justamente el nivel de malestar que esto te genera a ti. Ese es un dato clínicamente muy relevante. A veces, más que intentar modificar directamente a los niños, conviene detenerse a comprender qué movilizan en uno esas actitudes (el rechazo al primo, la dificultad para compartir, la necesidad de diferenciarse) y por qué resultan tan desgastantes. Cuando el adulto logra mayor claridad y regulación, muchas veces las dinámicas con los hijos se reordenan de manera natural, sin necesidad de intervenir directamente sobre ellos.
Su hija se encuentra entrando en una etapa llamada preadolescencia que se caracteriza por manifestar diversos cambios que en algunos casos pueden ser bastante bruscos, entre los cuales se encuentra el ámbito social, la búsqueda de identidad conlleva a querer diferenciarse de sus padres incluso de familiares que en la infancia pueden haber sido significativos. También buscan ser aceptados por amigos y eso puede llevar a que aparentemente la familia pase a segundo plano ya que necesita la validación de sus pares. Referente a sus nuevos gustos es completamente normal que se sienta atraída por conceptos más juveniles que pueden ser influenciados por su grupo de amstades y lo cual ella sigue para encajar en el grupo. Por lo tanto el comportamiento de su hija es completamente normal, esta enfrentándose a múltiples cambios físicos, psicológicos y hormonales que deben ser contenidos con comprensión y paciencia por quienes la rodean. Asimismo, se entiende que usted como madre o padre es difícil el proceso del cambio por lo que se sugiere atención psicológica para que ambos puedan enfrentar de manera colaborativa y empática este maravilloso camino de crecer.
Ps. Felipe Ignacio Salas Said
Psicólogo
Las Condes
Estimada; me parece que hay varios aspectos que desconoces de tu hija, es muestra de falta de comunicación y entendimiento. Quizás su comportamiento se deba a que quiere expresar algo que quizás ella tampoco tiene la certeza de que es. Son comportamientos muy difusos los que comentas, por lo que se requiere de una profundización. Le afecta en otras área de su desarrollo?
Estimada,

Gracias por compartir lo que estás viviendo con tu hija. Es comprensible que te sientas desgastada; cuando vemos cambios emocionales o conductuales en nuestros hijos, es natural que nos preocupemos.

A los 9 años los niños atraviesan una etapa de transición importante. Comienzan a consolidar su identidad, a diferenciarse del entorno y a buscar formas propias de expresarse. A veces esto puede manifestarse como resistencia a compartir, rechazo hacia ciertos familiares o una necesidad marcada de “ser diferente”. No necesariamente indica un problema, pero sí puede estar señalando algo que necesita ser comprendido.

En situaciones sociales, por ejemplo, la negativa inicial a compartir puede estar relacionada con inseguridad, dificultad para regular emociones o necesidad de control en contextos donde se siente expuesta. El rechazo hacia su primo pequeño también podría estar vinculado a celos, comparación o experiencias previas que para ella hayan sido significativas.

Respecto a sus gustos particulares, en esta etapa muchos niños experimentan con su identidad. Más que verlo como un esfuerzo por llamar la atención, puede ser una forma de afirmarse y diferenciarse.

Si sientes que la situación se mantiene en el tiempo, genera conflicto frecuente o está afectando su bienestar o el clima familiar, una evaluación psicológica puede ser muy beneficiosa. No porque “haya algo malo”, sino como un espacio para comprender qué está ocurriendo emocionalmente y acompañarla de manera adecuada.

Además, el apoyo no es solo para ella; muchas veces el trabajo con padres entrega herramientas concretas para manejar estas situaciones con mayor tranquilidad.

Quedo disponible si deseas coordinar una orientación inicial.
Gracias por compartir tu preocupación y por describir con tanto detalle lo que estás viviendo con tu hija. Es completamente natural que como madre te sientas desgastada frente a estos cambios emocionales y sociales que estás observando.

En muchos casos, acompañar a nuestros hijos también implica atendernos a nosotros mismos: trabajar sobre nuestras emociones, límites y recursos nos permite manejar mejor las situaciones familiares y apoyar a nuestros hijos desde un lugar más sereno y seguro.

Te invito a considerar una consulta enfocada en ti, para explorar tus inquietudes, darte herramientas de manejo emocional y fortalecer tu bienestar. Esto, a su vez, puede tener un impacto positivo en tu hija y en las dinámicas familiares.

Si deseas, podemos coordinar una sesión para conversar con más detalle sobre tu situación y cómo abordarla.
Hola buen dia. En base a lo que describes creo que seria bueno para ti consultar con un especialista, pero que te pueda ayudar a ti como madre a enfrentar las conductas de tu hija, ya que en algunos casos la dificultad o problemática no esta en la niña, si no en la forma en que como padres enfrentamos sus singularidades y esto si puede afectar a la menor, pudiendo sentir que ella tiene algo malo. Por lo mismo recomiendo que primero se analice esa situación para después pasar a ver si esto que pasa es una consecuencia de esta percepción.
Hola qué tal, espero te encuentres muy bien.
Es posible que tu hija esté pasando por algunos procesos internos de tipo emocional, que no han podido simbolizarse y elaborarse en su espacio próximo interpersonal.
Cada niño(a) tiene sus propias particularidades, y por lo tanto requieren una atención y orientación y guías distintas dependiendo su contexto y su propio mundo interno.
Es posible también, y ésto como mera especulación, que estemos ante la presencia de alguna neurodivergencia no pesquizada, y que por lo tanto, no comprendida ni abordada adecuadamente.
Si ésta situación es algo que genera incomodidad y desgaste, es preferible que pueda permitir un acompañamiento psicológico para su hija, y tenga un espacio de confianza para que pueda ser comprendida, vista, atendida y escuchada como ella lo necesita, y situándose desde un espacio de validación de su experiencia de ser, poder vislumbrar lo que efectivamente le está ocurriendo.
Gracias por confiar y compartir lo que estás viviendo.

A los 9 años es común que aparezcan cambios en la forma de relacionarse y una necesidad más marcada de diferenciarse. La dificultad inicial para compartir o el rechazo hacia algún familiar pueden estar expresando emociones que aún no logra gestionar, más que un problema de fondo. No siempre requiere intervención, pero sí sugeriría la posibilidad de realizar una evaluación con un profesional del área de la salud para despejar la situación.

Si sientes que la situación te supera o quisieras entender mejor qué está pasando, podemos coordinar una instancia de orientación para acompañarte y evaluar con calma si sería útil un espacio para ella. Estoy disponible para lo que necesiten.
Hola te recomiendo visites una terapeuta ( psicólogo) para que te ayude a abordar de manera eficiente este proceso de cambio de tu hija, claramente existe una dificultad que hay que abordarlo con un profesional que te oriente de la mejor manera para apoyar a tu hija y tambien a ti.
Es muy comprensible que te sientas desgastada: cuando una hija empieza a mostrar actitudes que tensan lo social (no compartir al inicio, rechazar a un primo, marcar diferencias con sus gustos) no solo preocupa por ella, también duele a nivel familiar y te pone a ti en una carga emocional constante, entre la culpa, la vergüenza y el miedo a que “esto se mantenga”.

A los 9 años pueden aparecer cambios en la forma de vincularse y en la búsqueda de identidad, y eso no significa automáticamente que haya “algo malo”, pero sí puede ser una señal de que a tu hija le cuesta regularse en ciertos contextos o que necesita más herramientas para entrar a lo social sin cerrarse o herir a otros.

Pedir apoyo psicológico no es etiquetarla ni exagerar: puede ser una ayuda breve y muy concreta para entender qué hay detrás de esas conductas y enseñar habilidades socioemocionales, idealmente con orientación a padres para que tú también tengas estrategias claras. Y, al mismo tiempo, tu cansancio merece un espacio propio: si te sientes sobrepasada, buscar tú un proceso de apoyo puede ayudarte a sostenerte, bajar la autoexigencia y recuperar calma, porque cuando la mamá está más contenida, muchas veces la dinámica también mejora. No tienes que cargar esto sola.
Primero gracias por compartir tu historia, recuerda que cuando uno es madre sabe si algo anda mal, puedes pedir una opinión con un psicólogo infanto juvenil, el cual hará las evaluaciones pertinentes, igualmente recuerda que los niños experimentan cambios y la diferenciación puede ser para sentirse diferente en alguna medida.

Mucho ánimo en el proceso y escucha diario lo que te quiera decir....
A los 9 años es frecuente que aparezca una etapa de afirmación de identidad: diferenciarse en gustos, vestimenta o música suele ser parte del desarrollo.

Respecto a la dificultad para compartir o el rechazo al primo, es importante observar si es algo puntual o persistente, y si le genera aislamiento o conflictos frecuentes. Puede haber celos, necesidad de atención o dificultad en habilidades sociales.

Sería recomendable consultar con psicología infantil si la conducta se mantiene en el tiempo, afecta sus vínculos o tú te sientes desbordada. A veces una orientación breve para padres es suficiente y no implica necesariamente un problema grave.
Hola, mi nombre es Cristopher Tapia y me especializo en el tema de la pregunta durante mucho tiempo. Lo que describes en tu hija de 9 años puede ser parte de movimientos propios del desarrollo —a esta edad muchos niños están afirmando identidad, probando pertenencia y regulando mejor sus emociones sociales—, pero también es comprensible que te genere desgaste. La negativa inicial a compartir, el rechazo a un primo específico y la búsqueda de diferenciarse pueden tener significados muy singulares en ella (por ejemplo, ansiedad social, celos, necesidad de control o una forma de protegerse en contextos que le resultan demandantes). Por eso es importante observar cuándo, con quiénes y en qué intensidad aparecen estas conductas antes de concluir que hay un problema.

Dicho esto, sí es recomendable considerar una evaluación psicológica infantil preventiva, especialmente si notas que el malestar se mantiene en el tiempo, genera conflictos frecuentes o afecta su bienestar o el de otros. Una psicoterapia infantil (de orientación lúdica o psicodinámica) puede ayudar a comprender qué está intentando comunicar tu hija con estas actitudes y también darte herramientas parentales para acompañarla sin sobrecargarte. Mientras tanto, evita etiquetarla como “difícil” o forzarla a compartir de inmediato; suele ser más efectivo anticipar las situaciones sociales, validar sus emociones y modelar gradualmente conductas de convivencia. Si te sientes muy desgastada, tu propio espacio de apoyo también es muy valioso. Espero poder haberla ayudado. Saludos.
A los 9 años es frecuente observar mayor afirmación de identidad y necesidad de diferenciarse. Por lo tanto, que tu hija marque gustos propios o intente “ser distinta” no es necesariamente un problema; muchas veces es parte del desarrollo y de la búsqueda de pertenencia.
Sin embargo, cuando aparece rechazo persistente hacia un familiar o dificultad reiterada para integrarse socialmente, conviene mirar qué emoción hay debajo: celos, inseguridad, necesidad de exclusividad, temor al desplazamiento o dificultades en habilidades sociales. Negarse inicialmente a compartir puede ser una forma de regular ansiedad más que una intención de herir.
Antes de pensar en terapia, observa si estas conductas se mantienen en el tiempo, si generan conflicto significativo o si también aparecen en el colegio. Si el malestar es sostenido o te sientes sobrepasada, una orientación psicológica breve puede ayudar a comprender la dinámica y entregarte estrategias concretas. No todo requiere intervención, pero sí comprensión oportuna.
Hola, lo que describes es bastante frecuente a la edad que tiene tu hija. Esto se debe a que entre los 8 y los 10 años comienzan a haber cambios en la identidad de los niños que generan en ellos una necesidad de vincularse de manera distinta y también de diferenciarse de los demás y adaptarse de manera diferente a las situaciones sociales. Si ves que esto le genera a ella algún sufrimiento, aislamiento o irritabilidad y que se reiteran situaciones de conflicto que perjudiquen la dinámica familiar, es adecuado comenzar un proceso terapéutico para que pueda ser acompañada durante esta etapa por un profesional y reciba las herramientas emocionales y la orientación que necesita.
Hola, a los 9 años comienzan a consolidarse con más fuerza la identidad y la necesidad de diferenciarse. Que tu hija marque gustos propios, incluso de manera llamativa, puede ser parte de ese proceso y no necesariamente algo problemático en sí mismo.

Respecto a lo social, la dificultad para compartir al inicio o el rechazo hacia un primo específico puede estar hablando más de cómo ella gestiona la ansiedad en ciertos contextos que de falta de afecto o “mala actitud”. Algunos niños necesitan más tiempo para sentirse cómodos y reaccionan cerrándose cuando se sienten expuestos o comparados.

Más que corregir la conducta de inmediato, suele ser útil observar qué le ocurre a ella en esas situaciones: ¿se siente invadida?, ¿comparada?, ¿desplazada?, ¿obligada a vincularse?

Consultar con un/a psicólogo/a infantil puede ayudar no porque necesariamente “haya algo mal”, sino para comprender mejor qué está expresando a través de esas actitudes y darte herramientas a ti para acompañarla sin que el vínculo se desgaste.

Si el malestar es persistente, genera conflictos frecuentes o notas cambios importantes en su ánimo, sí sería recomendable una evaluación.

Un saludo, y es muy valioso que estés atenta a estos movimientos.
Lo que describes puede ser parte del proceso evolutivo propio de los 9 años. En esta etapa comienzan a afirmar su identidad, diferenciarse y buscar mayor autonomía. A veces eso se expresa en gustos más definidos, necesidad de destacar o en dificultades iniciales para integrarse socialmente.
La negativa a compartir o el rechazo hacia su primo no necesariamente habla de falta de valores, sino que puede estar mostrando emociones no resueltas: celos, inseguridad, necesidad de control o dificultad en habilidades sociales. La conducta suele ser la forma en que el niño expresa algo que aún no logra verbalizar.
Si estas actitudes son persistentes, generan conflicto frecuente o afectan su bienestar y vínculos, un espacio psicológico puede ser muy positivo, no porque “haya algo grave”, sino para acompañar su desarrollo emocional y entregarte a ti herramientas de apoyo.
Y algo importante: tu desgaste también merece atención. Cuando una situación nos afecta como padres, es señal de que necesitamos contención y orientación.
El querer separacion del resto de personas mediante gustos o actitudes, es para protegerse a si misma del rechazo, muchos niños que sienten que sus emociones no son validadas o se sienten diferentes, adoptan esta actitud para sentirse que tienen valor fuera de lo emocional.
Hola! gracias por compartir lo que estás viviendo.
A los 9 años comienzan cambios importantes en la identidad y en la forma de vincularse. Es una etapa donde buscan diferenciarse, probar gustos propios y afirmar “quién soy”, y a veces eso se expresa con rigidez social, rechazo hacia algunos niños o necesidad de mostrarse distinta.
Lo importante es observar si Le cuesta adaptarse en general o solo en ciertos contextos?, cómo se siente después de estas situaciones o parece no darle importancia? Si notas que el patrón se mantiene, genera conflicto frecuente o afecta su bienestar, una evaluación psicológica puede ser muy útil, para fortalecer habilidades sociales, regulación emocional y autoestima.
y tu desgaste también cuenta, el acompañamiento profesional orienta tanto a los padres como a los niños. Espero te haya orientado un poco mi respuesta

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