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Cuidar a otro sin dejar de cuidarse: salud mental en cuidadores y familias
Cuidar a una persona mayor, a un familiar con dependencia o a alguien que atraviesa un deterioro progresivo puede ser una experiencia profundamente significativa, pero también muy exigente.
Muchas familias comienzan cuidando desde el amor, la responsabilidad o la necesidad, pero con el tiempo pueden aparecer cansancio, culpa, irritabilidad, angustia, dificultad para descansar, conflictos familiares y la sensación de estar siempre disponible.
A esto se le suele llamar sobrecarga del cuidador. No significa que la persona cuide mal ni que quiera menos a su familiar. Significa que el cuidado sostenido, especialmente cuando no existe suficiente apoyo, puede afectar la salud mental, física, laboral y emocional de quien cuida.
También es frecuente que las familias se sientan confundidas al tomar decisiones: cuándo pedir ayuda, cómo organizar los cuidados, cómo hablar con la persona mayor, cómo poner límites, cómo enfrentar la culpa o cómo aceptar que las necesidades han cambiado.
Desde la psicogerontología, el acompañamiento psicológico busca mirar no solo a la persona mayor, sino también a quienes la rodean. Porque para cuidar bien, también necesitamos cuidar las condiciones emocionales de quien cuida.
En terapia podemos trabajar la sobrecarga emocional, la culpa, los límites, los cambios familiares, el duelo anticipado, la toma de decisiones y las estrategias de autocuidado realistas. No desde frases idealizadas, sino desde una mirada humana, profesional y ajustada a la realidad de cada familia.
Cuidar a otro no debería implicar abandonarse a uno mismo. Pedir apoyo también puede ser una forma responsable de cuidar.
16/06/2026