Violeta Cousiño Norte 7596, Peñalolén 7910000
En mi quehacer profesional, concibo y relevo el vínculo terapéutico como la construcción de un lazo profundamente respetuoso y amoroso, mediado por la ética que nos envuelve como psicólogos. Relación interpersonal que se debe desarrollar en un espacio de confianza, seguridad, contención, comprensión y validación de la experiencia y los procesos vitales de los pacientes.
Comprendo el trabajo psicoterapéutico como un proceso inmensamente creativo, que exige conocimiento, estudio continuo y espacios de nutrición multidisciplinario.
A pesar, de que nos encontremos en momentos de la vida frágiles, ausentes y atravesando un estado de salud complejo, que no permite el despliegue de una relación sana e integrada con nosotros mismos, el mundo y las relaciones que de él devienen. Por otra parte, la moratoria de la infancia es fundante en la construcción del sujeto y muchas veces ocurren experiencias traumáticas en esa etapa de la vida. No obstante, nuestro organismo posee la plasticidad para adaptarnos y reorganizar aquello que se ha dañado o desajustado. Tengo la convicción de que en todo momento, las intervenciones terapéuticas deben mirar al paciente como sujeto activo, dotado de recursos y condiciones para lograr su propia recuperación y sanación.
Muchas veces, lo que nos mantiene atrapados en estados de sufrimiento, obedece a que la vivencia de ciertas experiencias, nos han llevado a creer ideas negativas y desadaptativas, con precaria información acerca de nosotros mismos. Es decir, otorgamos atribuciones a ciertos acontecimientos que nos llevan a pensar que no somos merecedores de respeto, de amor ni validación. Es así, como el trabajo psicoterapéutico, se orienta a la limpieza y re ordenamiento, por decirlo de algún modo, de nuestro “armario” psicológico y emocional.
12/05/2026